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El deseo sabe a Miel

Si algo sabe Karina Noriega es moverse con fluidez entre el terreno de la realidad y de la fantasía, de lo carnal y de lo mental, de lo sutil y de lo explícito.  A sus dos novelas anteriores, Punta del Este y Verano, le sigue Miel, su primer libro de poemas, esta vez firmado por @srtamaliboo. ¿Su alter ego o su versión más real?

No es un dato menor que su escritura haya sido durante la pandemia y cuarentena de 2020: los sentimientos y las sensaciones son tan a flor de piel que pueden escabullirse, principalmente de cualquier encierro mental. Lo más parecido a la libertad. En el terreno de lo incierto, de un futuro que parece, muchas veces, escaparse de las manos, imantar los sentimientos, como reza la solapa de tapa, se parece más a gozar de un puerto seguro, que puede traducirse en volcarlos a un papel. ¿Nos garantiza que hayan sucedido? ¿O será que nos hace revivir ese momento? A veces el pasado está más presente  de lo que podemos tolerar.

Las páginas discurren con una intensidad que invitan a devorar cada poema, y que en algunas ocasiones quita el aliento. Lejos de cualquier lugar común, es lo que me pasó a mí durante su lectura (y me animaría a arriesgar que lo mismo le ocurrió al resto de sus lectores). Desde que lo recibí no pude dejar de leerlo, y la tarde de lluvia, creo que, poco tuvo que ver. Eso tiene la miel. Y Miel. Y determinados vínculos. El enamoramiento y la pasión, probablemente, también conocen esa característica famélica. Ya lo dice @srtamaliboo: “Desayunarte como si no hubiera comido en días”. Tampoco podemos negar que hay ciertas pasiones que suelen ser abrasadoras (¿acaso es posible que sean de otra manera? ¿sería negarles su condición?), y que tienden a obnubilarnos y a no poder mirar más allá. Todo se reduce a una persona en particular. O a la idea que tenemos de ella.

Miel es un viaje placentero, que va del Morbo a la Aventura, según los poemas, sin escala. O lo que es lo mismo de la fantasía a la realidad. ¿Será azarosa la elección? ¿O acaso es el único camino posible, y ninguno de nosotros puede escaparse? ¿Nos animamos a vivir la aventura? También es el viaje del amor al desamor (¿en qué momento sucedió este último? ¿Cómo fue que no nos dimos cuenta?), para quedarnos con la nostalgia. Pero, además, para disfrutar de la belleza (de lo que fue). Ya sabemos: hay ciertos momentos en nuestra vida que parecen convertirse en un paréntesis.

La miel puede servir de metáfora para la idea de amor-pasión. Aquello que puede tentarnos en un principio, y que disfrutamos en pequeñas dosis para que no se extinga ni para que rompamos el hechizo, y que aunque deseamos conservar se escapa de nuestras manos, no lo podemos contener. Eso tienen los fluidos. En grandes cantidades puede empalagarnos hasta navegar en terrenos pantanosos del cual, muchas veces, nos parece imposible salir. También, como dicen quienes saben, la miel a cierta temperatura se convierte en veneno para quien la prueba.

Hay algo en la prosa de Karina que genera un imán en sus lectores. Puede ser por varios motivos, y cada uno de nosotros sabrá cuál es en su fuero más íntimo. Pero, creo que, la dedicatoria es una buena síntesis: “A quienes no olvidan, como yo”. Y estará en cada quien saber por qué o por quién o a quién no se olvida.

¡Gracias, @srtamaliboo, por escribir belleza y por dejar apoderarnos de ella!

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Soy sólo una chica (indómita) que lee y escribe. Formalmente: Licenciada en Comunicación Social y Periodista.

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