#LiteraturaParaConversar

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“Me siento palabras. No podría vivir sin libros”

A Daniela Vilaboa (abogada y escritora) la conozco hace varios años ya. Como es de esperar, aún en el mundo pre pandemia, nuestro vínculo surgió vía redes sociales. Dani (así me gusta llamarla. Nunca sabemos muy bien cuando un vínculo va un paso más allá, y se vuelve cercano), además de escritora, es una una lectora ávida y una apasionada por la literatura. Como si fuera poco es generosa, honesta en su decir y amable (en un sentido amplio de la palabra). Por eso, si bien esta charla (y me parece más encantadora mencionarla así que una entrevista) ocurrió hace varios meses ya, en una tarde al aire libre. Pero, como es toda una #chicaquelee me parecía súper oportuno celebrar el #meslector con ella. ¿Acaso la literatura no nos permite viajar al pasado, presente y futuro cuando lo deseemos?

“El taller que más me marcó lo daba un profesor cubano, que siempre me decía: ‘Dani, deja de escribir cuentos, tú eres novelista’. Si bien me parecía hermoso, era un peso enorme. Hay que animarse a escribir una novela. Es crear un universo que tiene que cerrar por todos lados: las líneas no te pueden quedar sueltas. El paso de cuentista a novelista se dio de manera natural porque mi papá también escribe. Recuerdo que en un momento me dijo que escribamos una novela a dos manos”

Y finalmente se dio ese paso porque escribiste La luz sobre las cosas, tu primera novela…

Terminó siendo la segunda parte de una primera novela. Inicialmente estaba situada en el siglo XX, y era sobre la migración del norte de España, por algo que tenía que ver con mi propia historia. Vinculada a una de mis bisabuelas, que había decidido irse, que había sido madre soltera por decisión propia, cuestiones rarísimas para esa época. Cuando yo me enteré me pareció muy valiente. 

Finalmente la protagonista, Julia, termina siendo marcada por su abuelo. Me di cuenta de que era un universo más fácil de abordar porque tenía que ver con lo que conocía. Encarar una época en la cual una no vivió es complejo. Además, pensé que era algo demasiado ambicioso para ser una primera novela. Partió de mi propia experiencia, soy uruguaya, pero me siento argentina también, y de unas preguntas en particular: “¿De dónde soy? ¿Soy extranjera en todos lados?”

Daniela Vilaboa (foto: gentileza Daniela Vilaboa)

El título de tu libro ya es muy revelador…

Siempre tengo la imagen de que una buena historia se parece a esos libros tridimensionales para chicos: en algún momento ves la imagen, se te conforma la idea. De hecho, la novela tiene que ver mucho con la metáfora y con la realidad porque está vinculada a la fotografía, a la luz. La protagonista echa luz para ir encontrando la verdadera historia de su vida. A partir de la fotografía puede entender lo que le sucedió. Revela una historia, revela un significado. Tiene que ver con algo de magia. Cuando ves una fotografía estás viendo y no estás viendo. Imaginás el fuera de campo. Lo que se muestra y no se muestra. Es entender que hay una realidad y que después está la mirada de cada uno, el recorte que hacemos.

¿Cómo fue el proceso de escritura?

Fue un trabajo muy complejo, tenía anotado en muchas libretas. De hecho, si bien está enmarcada en un contexto particular no quería que eso fuera lo central sino algo lateral, como si empujara la novela. Quería que fuera como un perfume que estaba en el ambiente, algo más sutil. Decís mucho más a través de lo que les pasa a los personajes.
Tiene algo de exposición y de desnudez propias porque hay muchas de mis angustias, y escribirlas fue muy transformador, muy liberador desde lo personal.  Insisto: no es mi historia, pero parto desde ahí.  Uno escribe y luego uno va tallando sobre eso. La edición es gran parte de la escritura. La literatura tiene que tener sonido. Es parte del trabajo, que poco tiene que ver con la inspiración.

¿Cuál es el sonido de tu novela?

Qué buena pregunta. No lo había pensado nunca. Milan Kundera arma sus novelas como si fuesen sinfonías. La piensa, la elabora de ese modo y la ajusta. Hay música en mi novela, una canción de Nina Simone. Hay mucho de lo que escuchaba cuando la escribía: Jazz, las voces de las mujeres negras…

¿Qué significa la escritura para vos? 

La escritura tiene mucho de oficio, y eso hace que se dilate el tiempo. Es un esfuerzo entrar en ese universo. Tenés que conectar. A veces no es el qué sino cómo lo contás. El trabajo de escribir, así como la lectura, es muy individual, muy para adentro, requiere tiempo. De hecho, durante la escritura de mi primer libro, dejé de leer, no sólo por una cuestión de tiempo, sino para no “contaminarme”. 
También es tan personal, hay tanto de uno. Un escritor va dejando sus marcas, sus huellas, en lo que escribe, que van haciendo su estilo. El desafío, para mí, es no quedar pegada, en cierto punto, a lo que ya hizo. No repetirse.

Un autor y un lector, sin duda, están conformados por lo que leyeron. Hay algo de nuestra identidad que debemos a la lectura. ¿Cómo sos como lectora?

Como lectora hago mi camino, siempre lo hice. Muchas personas están marcadas por un recorrido académico (por ejemplo quien estudió Letras). El mío es propio, autogestionado. Igualmente, en algún punto, fue marcado, sobre todo por mi mamá cuando era chica: el regalo para Navidad era un libro. Y es un ritual que continúo: regalo libros pensados especialmente para cada persona. En cuanto al hábito de la lectura, uno lo toma de cualquier referente.

En ese recorrido que mencionás, pienso en la idea de un cuarto propio, un camino propio. Imposible no tejer un paralelismo con ese espacio simbólico, que plantea Virginia Wolf, y que, muchas veces, es la lectura…


Abrís un libro y abrís un mundo. Un libro te lleva a otros. Por ejemplo, de esta manera llegué a la literatura japonesa cuando tenía 20 años, y aún no estaban de moda ciertos autores japoneses.  Abro los libros como una nena, para mí son juguetes porque yo no jugué con juguetes sino con libros. Si quiero estar en algo lúdico, elijo leer. Mis primeras lecturas, de muy chica, fueron los libros de ciencia ficción, de Ray Bradbury. Fue la apertura a un universo. Hablo de la ciencia ficción no tanto desde la tecnología sino desde el planteamiento del ser humano. Después pasé a lecturas de los cuentos de Cortázar, mezclado con novelas de Isabel Allende, de García Márquez…

Sos una lectora muy ávida. ¿Tenés ciertos rituales?

Mis libros están marcados, hay una especie del índice del índice, páginas donde hago anotaciones. Siempre tengo muchos en la mesa de luz. Leo varios a la vez. Me cuesta dejarlos, es una culpa de la que debería liberarme. Creo que el tiempo para poder leer es limitado, entonces si no encontrás algo que te enganche, tenés que agarrar otroUno tiene que leer un libro con la capacidad de asombro. En mi caso lo compro, lo huelo, lo tengo al lado mío. Me voy a sentar al living y me lo llevo, y por ahí voy a hacer otra cosa.  Pero está conmigo. Abro cada libro con muchas expectativas. Algunos las cumplen, otros no. Cuando uno lee mucho, se vuelve más exigente. Reconozco que varias veces se me cuela algo de prejuicio, de sentir que no me va a sorprender, de que está sobrevalorado…

¿Qué pensás de la relectura?

Necesito releer. Tengo libros que adoro, que los leí cuando tenía 20 años, y cuando crecés los leés de otra manera porque te atraviesa tu propia historia. Un libro que me marcó mucho fue Rayuela. Era como una Biblia, iba a todos lados con él. No sé si me pasaría lo mismo hoy. Seguramente no. Sí me planteo si es momento o no de la relectura, sobre todo porque siento que me voy a privar de algo nuevo.

¿Qué significa la literatura para vos?

Volar. Hay que amar y entregarse a la literatura. La generosidad de los libros es que te hace ser muchos en esas historias. Si uno leyó mucho, sin duda vivió muchas vidas. Te amplía el horizonte, la manera de pensar, te hace entender a otros, ser más empáticos. La literatura es sensibilidad. Te atraviesa de una manera muy especial.  

Me siento palabras. No podría vivir sin libros. Creo que es lo mejor que le puedo dejar a mis hijos. No hay nada, ni dinero ni bienes que puedan superar eso. Nada va a reemplazar el amor a los libros.

¡Gracias, Dani! Un placer tenerte con nosotros aquí en #LaChicaQueLee











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About Author

Soy sólo una chica (indómita) que lee y escribe. Formalmente: Licenciada en Comunicación Social y Periodista.

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