LITERATURA PARA RECOMENDAR / LIBROS DE LA BUENA MEMORIA

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💘Flechazo: Los enamorados, de Alfred Hayes.

Lo sé. No es San Valentín (ni parte de ese grupo de fechas que pretende “encerrar” ciertos sentimientos en una especie de marketing – del cual nos resulta difícil escapar- del amor, como si éste debiese regirse por un calendario para ser celebrado). Pero, como, afortunadamente, no tiene cronograma (auto)impuesto, retomo un texto que escribí, en un antiguo blog, sobre Los enamorados, sin la fiebre #HappyValentinesDay. Además, hace días que, por una u otra razón, vengo hablando de este libro. Siempre que puedo lo recomiendo. Momento confesional uno: tengo debilidad por Alfred Hayes.

Temo ser tan egoísta con Los enamorados (como suele suceder, muchas veces, con eso que llamamos amor). Estoy casi segura de que todo lo que escriba tendrá sabor a poco. Pero, me deshago de esa culpa a priori, y escribo. Uno escribe sobre Hayes, pero, inevitablemente, también escribe sobre uno. Porque, queramos o no, todos estamos atravesados por este sentimiento.

El autor habla de amor, pero también de su contrapartida, tan dolorosa como real: el desamor. Algunas mentes más evolucionadas dirán que son las dos caras – inevitables por el paso del tiempo – de la misma moneda. O del mismo amor. Hayes, lo hace desde un lugar desgarrado y verdadero. El protagonista es el abandonado. Este sujeto (que podría emparentarse con las figuras discursivas de Roland Barthes) permite la identificación. En la ruleta del amor, con más o menos suerte, todos representaremos ambos roles.

A simple vista parece un libro corto, y una historia más (cuánta literatura le dedicamos al amor, tema inagotable – y por momentos- inabordable). Ahora bien, si miramos en su interior – y aquí radica la sutil, y no tan sutil, diferencia- ver no es lo mismo que mirar (lamento reventar la burbuja, querido lector, pero no son sinónimos), nos daremos cuenta de que su extensión es inversamente proporcional a su contenido. La intensidad, que tiñe sus páginas (tibios: abstenerse o animarse, lo que quieran), se manifiesta desde el momento uno. Su tapa resulta por demás de elocuente: un flechazo. De tal impacto que logra una caída.

Puede tratarse de una conversación, aunque pareciera estar más cerca del monólogo. El enamorado, en lenguaje barthesiano – y amoroso- cuando habla, se habla a sí mismo. Sabemos que la presencia de dos personas no es condición sine qua non para que exista un diálogo. Convengamos que uno cuando está enamorado, desenamorado o atravesado por una gran pasión, lo que necesita, muchas veces, es alguien (un otro) que sólo se limite a escuchar-nos. Es probable que en ese momento no estemos pidiendo consejos, ni que nos entiendan y, mucho menos, que nos comprendan. Estamos haciendo uso de nuestro derecho a monologar sobre ese sentimiento que tiene tanto de complejo como de misterioso.

¿Me salvo yo? ¿Te salvás vos? ¿Te salvo a vos? ¿Te salvo de vos o te salvo de mí? ¿Te salvás vos de vos, o te salvás de mí, o me salvás a mí? ¿Te salvás conmigo? ¿O me salvo con vos? Estos interrogantes, en tono impersonal, pueden colarse entre sus páginas porque el amor como idea de salvación (¿de qué? ¿de quiénes?) data desde sus inicios. Hay “empresas” que resultan difíciles y hasta imposibles. Es cierto que salvarse puede tener muchas connotaciones. Salvarse puede ser no arriesgarse y quedarse en esa zona de confort hasta llegar a estructuras que asfixian y que se vuelven angustiantes; ya lo dijo Benedetti (“y te quedas inmóvil al borde del camino y te salvas, entonces no te quedes conmigo”). Salvarse, también, puede ser rendirse al amor, caer ante el amor.

Los enamorados redobla su apuesta en cada capítulo (11 en total ¿Significará algo especial este número?) Es un relato muy hipnótico y pasional en su uso del lenguaje. En algunos pasajes, uno pareciera quedarse sin aliento al leerlos como si los fuera viviendo a medida que el protagonista los relata. La identificación del sufrido por amor es absoluta. El título, ese genérico que permite reconocernos al instante, es un buen catalizador. Todos nos enamoramos – más o menos, con mayor o menor fortuna, con mejor o peor desenlace- El amor. mezclado con la pasión, es esa especie de daga de la cual, si todo sucede con “normalidad”, uno de los dos siempre saldrá más lastimado. Y aunque suene desgarrador parece ser inevitable.

Los enamorados comienza con esta cita. Muy representativa.

Si bien atrapa como autor con otras historias como Que el mundo me conozca (aún me debo leer Mi Perdición), Los enamorados es mi favorito, ascendiendo a la categoría de inolvidable. No creo que sea al azar la elección de la palabra atrapa; lo hace como un imán mezclando amor, pasión – que, muchas veces, linda con el odio– y permanente seducción en una exquisita narración. Si alguien entiende del poder de seducción de las palabras, ese, créanme, es Hayes. Y para lograrlo no necesita de artilugios porque , como dicen por ahí, quien tiene magia no necesita trucos.

💘Flechazo literario:

“Justamente, lo único que puede salvarnos es una gran caída”

(Compartiría todo mi fragmento favorito, del cual esta frase es una parte, pero prefiero que ustedes se sumerjan en este universo fascinante)

En esta historia quien se pierde en el laberinto del amor-pasión (o de su mente) es un hombre. Un hombre que duda, que calcula, que teme equivocarse, que pretende retroceder en sus pasos, que se aleja y que se deja vencer por su orgullo. Pero, esta encrucijada no es exclusiva de ellos. Nosotras, también, sabemos de qué se trata este rol amoroso.

En lo que me toca representó un flechazo con la historia, en particular, y con su autor, a quien sólo conocía de nombre, cuando lo leí hace un largo tiempo. Momento confesional 2: Los enamorados es relectura obligada, todos los años.

Un relato sin fisuras. Ideal para leerlo en una tarde -si es lluviosa, mucho mejor-.  Es probable que cuando cierren el libro, prefieran quedarse pensando en qué pasaría si fuesen en busca de esa persona o “haciendo equilibrio con una sombrilla insignificante…” O bien, tengan la intención, y se animen a ir a buscarla porque “…lo único que puede salvarnos es una gran caída”. Esa que permite detener el mundo, o dos mundos particulares.

Gracias La Bestia Equilátera por rescatarlo y editarlo. ¿En nombre del amor?

Lean libros.

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About Author

Soy sólo una chica (indómita) que lee y escribe. Formalmente: Licenciada en Comunicación Social y Periodista.

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