LITERATURA PARA RECOMENDAR

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CONFERENCIA SOBRE LA LLUVIA, (UNA) POESÍA SOBRE EL AMOR

No sé si el fin de semana pasado con lluvia en Buenos Aires tiene algo que ver. O si es la visita del escritor mexicano Juan Villoro a la 44 Feria Internacional del libro de Buenos Aires. O a lo mejor simplemente quería escribir sobre Conferencia sobre la lluvia. Quizá sea todo lo anterior. Hay libros que salpican.

De la lluvia, muchas veces, nos interesa que viene sin previo aviso, y nos animamos a bailar con ella aún sin saber muy bien de qué se trata esa melodía. En otros casos nos resulta más cómodo cuando nos agarra bajo techo, en algunas situaciones a nadie le gusta empaparse, básicamente, porque “evaluamos” las consecuencias. 

En menos de 60 páginas el autor aborda con maestría ese momento en el cual perdemos los papeles. En esta historia en particular, quien lo hace es un bibliotecario en su rol de conferencista (en una perspectiva barthesiana) ante un especial auditorio. “Perder los papeles es perder la compostura. No sé qué me sucede; mi vida entera gira en torno al orden. Clasifico una biblioteca, y sin embargo, se me escapan las cosas”. ¿Nos cuesta soltar el control sobre cómo debiese ser todo? ¿Qué garantiza y qué no garantiza el control? ¿Es el amor el principal desencadenante para perder la compostura?

“Las mejores conferencias son improvisadas. Aunque el que diserta sin guión fijo se mueve en la línea del vértigo” Ese camino sinuoso que puede llevar a que la conferencia mute en confesión. Sin que haya vuelta atrás. “Siempre me ha intrigado la posibilidad de perder el hilo del discurso…¿Hasta dónde controlamos lo que decimos?, dice Juan Villoro en el prefacio del libro. ¿Qué perdemos por controlar? ¿Y por controlarnos? ¿Qué se nos escapa de las manos cuando creemos tenerlo? ¿Y por no dejar-nos fluir? ¿Qué escondemos detrás del control? ¿Miedo, inseguridad, sensibilidad?

Pareciera que nos cuesta mostrarnos vulnerables. Si tuviese que ensayar una explicación, o un simple argumento, diría que es porque la mayoría lo considera como sinónimo de debilidad y eso puede permitir que nos hieran. Nos deja expuestos al posible sufrimiento. Segundo, porque estamos más interesados en dar una imagen al mundo, no sea cosa que nos vean como un conjunto de contradicciones, defectos e imperfecciones. 

En Conferencia sobre la lluvia el protagonista establece un vínculo entre la literatura y la  poesía amorosa; entre la lluvia y el amor. Se vale de metáforas (¿Quién no lo hizo alguna o más de una vez?) para poder ahondar en su interior. Ser directos no siempre significa ser más sinceros. ¿Puede esta confesión íntima actuar como catalizador? ¿A quién o a quiénes transforma? En este caso, a medida que transcurre el tiempo pasa de un simple goteo a una lluvia torrencial. Hay una cierta atracción por la melancolía, por la nostalgia, tan características de los (perfectos) días de lluvia.

En este ir in crescendo encuentra el fenómeno meteorológico como aliado para hablar de (su historia con) Laura “con L líquida”, según sus palabras. Su profundo amor por ella. “No siempre he amado de ese modo…Me sentí tocado por un halo luminoso. Un resplandor despertó en mí insospechadas energías. ¡Amanecí, señoras y señores!” Un juego de roles (¿A la manera de Hegel?). Un verdadero reflejo. Un espejo de nuestras propias sombras proyectadas. “Conocí a Laura con el pelo mojado. Sonreía, como si no le importara haberse empapado…Me gustó que alguien que se conducía con la delicadeza de un espectro quisiera asomarse a un libro muy pesado…¿Puede un ángel desollar un cuerpo?, me pregunté…No elegí: amé. Llovió encima de mí…Laura me eligió como se elige un libro en una biblioteca. No sé qué clase de texto fui para ella…Fui su rehén amoroso…La amé con una intensidad desconocida, que no me da vergüenza confesar” Una especie de lluvia cortazareana. No es un dato menor que a medida que se sumerja en terrenos más pantanosos necesite beber agua con mayor frecuencia. Parece tener menos de tic, que de nudo en la garganta. 

¿Qué hacemos con quién se presenta frente a nosotros para echar a perder nuestros pequeños planes y esquemas? ¿Cuándo conocemos a alguien lo “etiquetamos” de acuerdo a nuestros parámetros y a nuestros objetivos? ¿Es posible controlar los sentimientos ajenos? ¿Y los propios? ¿En qué momento convertimos el amor en posesión como si fuera uno de nuestros libros preferidos? ¿Podemos amar sin condiciones y aceptar al otro como es?

En este “baile” bajo la lluvia se sirve de grandes autores como Dante, Neruda, Leopoldo Lugones, César Vallejo, Fernando Pessoa, Goethe, Julio Cortázar, Edward Cummings, Paul Verlaine, Eliseo Diego, José Emilio Pacheco. Me interesa entender el agua imaginada por los poetas…¿Qué obtenemos gracias a la alta fantasía? ¡Lluvia! El ser libre modifica el cielo. Extasiado, el que imagina se eleva”. ¿Fue Laura su mejor poesía? ¿Y su mayor ilusión? ¿Es mejor que algunas cosas queden en nuestra imaginación o preferíamos actuar a costa de empaparnos y asumir sus consecuencias? ¿Podemos ser tan libres en el amor para permitir que nos desarmen los propios cielos?

 “Se había dado el lujo de usar una cita para mantenerme lejos de su mundo interior…Era un libro que yo abrazaba sin comprender su significado. Un libro único, valiosísimo, escrito en una lengua desconocida…”  ¿Somos capaces, como Laura, de dejar parte de nuestro mundo interior (nuestra pequeña biblioteca) inasequible aún en una relación? ¿Nos animamos a mostrarnos tal como somos a costa de desnudarnos de tal manera de no ser tan perfectos, tan ideales? “Ante ella, mi cuerpo reaccionaba con la franqueza del que ama” ¿Hasta qué punto nos involucramos y dejamos que se involucren? ¿Permitimos que se sumerjan en nosotros y nos puedan “leer”? ¿O tenemos la habilidad de Laura para cerrar los libros cuando deseamos? “…mi corazón lloraba. Es una frase exagerada, lo sé. También es verdadera. El amor tiene una sed de absoluto. No me refiero a su carácter posesivo, sino a la necesidad de compartirlo todo y conocer al otro, hasta donde eso es posible” 

Somos objetos de nuestras propias confesiones porque somos lo que más conocemos. “La conferencia es una género menor; pero permite que ciertas ideas entren al corazón de los oyentes…Me conformo con que alguien sienta y su corazón lata de otro modo. El corazón tiene derecho a una sorpresa” Todo parece ser bien válido cuando tenemos la intención de decir.

Una forma de amor. O la dinámica del gato y del ratón se “lee” en las páginas de Conferencia sobre la lluvia.  El verdadero oyente/receptor de esta confesión se descifra en el final de Conferencia sobre la lluvia, aunque el autor nos da ciertas señales con el transcurrir de la historia. “Eres la vida que no pude atrapar en ella”. Según el rol que se tenga, o saldremos “ilesos” frente a situaciones peligrosas, o nos tocará “pagar” un precio. Es sabido que un ratón nunca puede capturar a un gato. Y que la trampa puede ser el mismo elemento que, a priori, pretende protegernos. Diría Villoro: “El amor es un intérprete obsesivo”. En todas sus acepciones.

Diluvio, tormenta torrencial, llovizna, chubascos. En mayor o menor medida todos somos (potencial) lluvia. Y sus receptores. ¿Abrimos o no el paraguas? ¿Antes de tiempo? ¿Para protegernos o para escondernos? ¿Tiene sentido hacerlo después cuando estamos mojados? ¿Nos quedamos más tiempo debajo de la lluvia del que debiéramos, aún cuando nos lo advirtieron? ¿Estamos preparados para asistir al cambio de nuestros climas? ¿Hasta cuánto somos capaces de transgredir los límites y romper los pactos? ¿Sabemos distinguir entre atracción sexual y atracción amorosa? ¿Podemos separar realmente los sentimientos? ¿Quién pierde más, el que cede o el que no lo hace a costa de su(s) propia(s) felicidad(es)? ¿Es la libertad del otro la que nos incomoda? ¿Seríamos capaces de adaptarnos a ella? ¿Nos cuesta tanto mantenernos alejados de una ventana vedada para nosotros? ¿Puede más la tentación? ¿Es posible, pese a todo, mantener la confianza?  “Mi ruina, por supuesto, fue un libro”, concluye el protagonista. 

Lean libros. 

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Soy sólo una chica (indómita) que lee y escribe. Formalmente: Licenciada en Comunicación Social y Periodista.

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