LITERATURA PARA RECOMENDAR

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DE QUÉ HABLO CUANDO HABLA MURAKAMI

En un claro tono carvereano, de hecho la figura de Raymond Carver será recurrente a lo largo de las páginas de su último libro, De qué hablo cuando hablo de escribir, y con la sencillez que lo caracteriza, Haruki Murakami responde a esta pregunta desde un lugar de honestidad. Si algo lo define es que no pretende ser más de lo que es (una característica bastante inusual para los tiempos que corren): “No me considero un genio. Tampoco me atribuyo un talento especial, aunque no niego tener algo, pues me gano la vida con esto desde hace más de treinta años…Atrapé esa oportunidad por puro azar y la fortuna me convirtió en novelista”.

Confieso que Murakami tiene la capacidad de conmoverme (recuerdo que lo primero que leí, hace tiempo, fue Sputnik, mi amor Tokio Blues, una de sus novelas emblemáticas). A veces, creo que, no me entra en el cuerpo tanta admiración por él. El tono intimista, casi susurro, es una constante en su narrativa. Esta musicalidad particular no es una excepción en De qué hablo cuando hablo de escribir, una especie de Master class (un lujo para los lectores): “Cuando uno habla de sí mismo, tiende a poner excusas, a justificarse, a enorgullecerse de ciertas cosas o a protegerse de otras…no se me da bien pensar las cosas sólo con la cabeza. No sé defenderme bien con pensamientos lógicos o abstractos. Solo logro poner en orden lo que pienso cuando escribo…Tengo una tendencia innata a profundizar al máximo en las cosas que me gustan e interesan”, dice quién se reconoce en su carácter solitario e individualista. No es un dato menor que muchas de sus actividades favoritas puedan realizarse en solitario: leer, escuchar música y ver cine.

Del pentagrama a la hoja en blanco, sin escala. Si tuviese que definirlo diría que Haruki Murakami es el escritor jazzero, por excelencia. Algo tiene que ver, sin duda, su devoción por la música, en general, y su devoción por el jazz, en particular (cuando era joven tuvo un bar donde éste se imponía como género). Esto parece no terminar en una simple anécdota sino que se traduce en su escritura:“Al escribir tenía una sensación más próxima a la de tocar música que a otra cosa, y aún hoy me cuido muy mucho de no perder de vista esa sensación. Quizá no escribo del todo con la cabeza, sino con cierto sentido corporal, como si fijase el ritmo con unos buenos acordes y me dejase llevar después por el poder de la improvisación”. 

En De qué hablo cuando hablo de escribir recorre varios temas: la vocación, su vida como escritor, la escritura, los premios literarios, la originalidad, el vínculo entre la fuerza física y el oficio de escribir, las instituciones (principalmente la escuela), los personajes, los lectores, (el amor por) los libros, la búsqueda de nuevas fronteras.

🖌 MURAKAMI POR MURAKAMI. APUNTES LITERARIOS. 

📌Sobre escribir. Cree que se emparenta con la idea de sanación: “…en el hecho de escribir se oculta una intención de curación de mí mismo. Cualquier acto de creación tiene, en mayor o menor medida, esa intención de añadir algo personal, de corregirse a uno mismo…Quería centrar mi vida en la escritura. Quería dedicar todo el tiempo del que pudiera disponer a escribir. Digamos, aunque sea exagerado, que quemé todos los puentes para no tener opción de volver atrás”. A su vez, considera que esta la actividad de escribir debe estar más próxima a la diversión que al sufrimiento (y aquí no resulta raro que no escriba por encargos). “Antes que artista, un escritor debe ser libre. Mi idea de una persona libre es la de aquella que hace lo que quiere, cuando quiere y como quiere. En lugar de esforzarse por ser un artista y preocuparse tanto por los demás, en lugar de vestir un rígido kamishimo, esos ropajes de los antiguos samuráis que impedían moverse con libertad, es mejor ser una persona corriente pero libre…Ahí reside exactamente la inmensa alegría que proporciona escribir una novela”. Impulso, felicidad, emoción y libertad parecen teñir su noción de escritura.

📌Por qué escribir. “El fundamento de todo escritor es contar una historia; expresado con otras palabras se puede decir que es penetrar en la parte más profunda de la conciencia. En cierto sentido es sumergirse en la oscuridad del corazón”. La imaginación es crucial para quien busca crear un mundo interior propio que crece día a día. “Escribir novelas responde a una especie de mandato interior que te impulsa a hacerlo. Es pura perseverancia y resistencia, apoyadas en un prolongado trabajo en solitario. Me atrevo a decir que son las cualidades y requisitos fundamentales de todo escritor profesional…¿cómo saber si uno dispone o no de esas cualidades? Solo hay una forma de encontrar la respuesta: tirarse al agua y comprobar si flotamos o nos hundimos”. Esta idea parece tender puentes (literarios) con el cineasta David Lynch y sus peces dorados: sólo podremos atraparlos si nos adentramos en las aguas profundas. Para ambos la idea de rutina y rituales son bien necesarias: “Verbalizar esos procesos íntimos y hacerlo de una manera fiel y honrada exige concentración, silencio, una persistencia inagotable y una conciencia sistematizada….” 

📌De cómo (sobre)vivir como escritor. Para esto apela a la metáfora del ring. No lo entiende como sinónimo de competencia cruel entre escritores, sino como una competencia consigo mismo: “mi terreno de lucha fundamental es la novela larga”, declara este guerrero de las Letras. “Si, por el contrario, hablo de la exclusividad en el campo profesional – dicho más claro, sobre la conciencia del territorio que ocupa cada uno-, creo que no hay nadie tan generoso y con un corazón más grande que los escritores de ficción… tenemos muchos defectos, pero al parecer somos generosos y tolerantes con quienes vienen desde afuera…” El problema central no parece ser subirse al cuadrilátero, sí mantenerse en el tiempo. 

📌El esfuerzo y la perseverancia, los aliados para permanecer. Parte de entender a la escritura como una mezcla entre trabajo rutinario (o encerrarse en una habitación día tras día) mezclado con algo más artesanal (o la atención por los detalles). De hecho se refiere a la complejidad del escritor (que dista mucho de un sentimiento de superioridad): “…es un trabajo lento, de marchas cortas…diría que la velocidad es solo un poco superior a la de caminar e inferior a la de ir en bicicleta…Es una operación laboriosa, compleja, poco directa. Si quien escribe es alguien con un mensaje claro y bien definido en su mente, no tendrá necesidad de transformarlo en una narración…Creo firmemente que lo conseguido a base de perseverancia se demuestra con el tiempo. El mundo está repleto de cosas que solo se pueden demostrar con el paso de tiempo”.

📌Sobre el trabajo creativo y la salud. En términos murakamineanos la persistencia está asociada al entrenamiento intelectual y al entrenamiento corporal (o fuerza física): “…está muy arraigada la idea de que la de escritor es una existencia insana, antisocial, casi mística, y que en ella no juega ningún papel el cuidado de la salud y el ejercicio…Cuando la fuerza disminuye…decae con ella la capacidad de pensar. Se pierde agilidad mental, flexibilidad espiritual…El corazón y nuestro espíritu deben hacerse resistentes, y para que perduren así en el tiempo es imprescindible desarrollar la fuerza física, administrarla, no perderla”. No es una novedad el estrecho vínculo que une al autor con la actividad física (y para muestra basta su libro De qué hablo cuando hablo de correr ¿Cierre perfecto con De qué hablo cuando hablo de escribir? ¿Las dos caras de una misma moneda, o de un mismo oficio?): “…como individuo, el acto de correr siempre ha tenido un sentido profundo. Siempre he sentido que era necesario, una forma de conseguir lo que quería…me ha animado como hubiera hecho una voz cálida y susurrante: Venga, ánimo! También hoy va a ser un buen día…escuchar lo que el cuerpo dice y siente es importante para una persona que cree en algo. Ya que el espíritu o la mente al final no dejan de ser extensiones del cuerpo”

♥📚 #EnamorateDeUnChicoQueLee: “Desde pequeño me gustaba mucho leer y siempre que tenía un libro entre las manos leía con entusiasmo…Por muy ocupado que estuviera, por muy apretada que resultara mi vida, leer suponía la misma alegría que escuchar música. Nadie pudo robarme nunca aquel placer…mi punto de vista sobre la realidad se enriqueció al experimentar como propios lo sentimientos que describían los libros. Gracias a la imaginación iba y venía con total libertad por el tiempo, por el espacio; contemplaba infinidad de paisajes desconocidos y, sin saberlo, permitía que un sinfín de palabras atravesasen mi cuerpo. Es decir, no sólo veía el mundo desde donde me encontraba, sino que terminé por observarme a mí mismo desde un lugar lejano mientras contemplaba el mundo. Si uno solo ve las cosas desde su punto de vista, el mundo se hace pequeño, se espesa. Es irremediable…Me parece que esa es la actitud fundamental para vivir en este mundo. En mi caso fue una suerte inmensa llegar a ella a través de la lectura. De no haber leído tantos libros estoy seguro de que mi vida habría sido más gris, deprimente, apática. Leer fue mi gran escuela, ese lugar construido especialmente por y para mí, donde aprendí muchas cosas importantes de la vida”

📌Por qué reescribir. Sólo es posible si existe un descanso en el autor y de la obra. Lejos de cualquier incordio lo considera necesario porque siempre podemos dar más“…hay un margen de mejora para todo. Uno puede convencerse a sí mismo de haber escrito algo casi perfecto, pero siempre es mejorable…reescribir es fundamental. Es la actitud de un escritor frente a un trabajo que decide mejorar”. Para que este proceso sea favorable es vital escuchar las opiniones de los demás (aunque nos molesten) con franqueza y honestidad.

📌Sobre la originalidad: “La originalidad es muy difícil de distinguir y entender cuando quien la produce está vivo y se mueve”. Para referirse a este tema toma el ejemplo de los que considera “aires frescos” para su época como Los Beatles, Van Gogh y Picasso. Entiende que lo original con el paso del tiempo se convierte en clásico, se integra con naturalidad y se transforma en referente. “Resulta muy difícil encontrar las palabras justas para definir la originalidad, pero sí se puede reproducir y describir el estado anímico que nos provoca”. Eso sí, piensa que existen algunos requisitos a tener en cuenta: estilo propio o “esa persona tiene algo peculiar”, superar ese estilo particular para poder crecer y evolucionar o “Uno no puede quedarse siempre en lo mismo”, y con el paso del tiempo convertirse en una norma, una referencia para las generaciones posteriores. Si a todo esto lo acompañamos con la virtud de la persistencia, el éxito parece garantizado. Para mí, ser original, tener un estilo propio era y es uno de los mayores elogios que se le pueden dedicar a alguien…Sentí como si flotase varios centímetros por encima del suelo, libre de restricciones reales y concretas. Para mí la originalidad debería ser eso. Sencillamente eso”

📌Consejos para quienes quieren escribir. Como primera medida recomienda trabajar con lo propio antes de sumar algo nuevo. Bucear en el bagaje personal. “Solo pretendía escribir algo a mi manera y reflejar con ello el estado de mi corazón. Nada más”. Leer mucho“…la lectura constituye un entrenamiento que no puede faltar de ningún modo…Lo importante es leer todo cuanto uno pueda, sumergirse en cuantas más historias mejor, vérselas con frases bien construidas, con pasajes inolvidables, también con episodios menos brillantes”. Además, contar con capacidad de observación dejando de lado los juicios de valor (aunque nos resulte complicado):“Por muy insignificante que pueda parecer algo, el mundo está plagado de piedras preciosas en bruto tan atractivas como misteriosas”

📌Sobre los personajes. Como ejercicio es importante conocer muchas personas (no necesariamente a fondo) para observar (sin dejarnos arrastrar por los prejuicios) apariencias, formas de expresarse, de actuar, de decir. “…crear personajes que parezcan reales y, además, deben resultar interesantes, atractivos, autónomos. Hay que dejarles actuar por cuenta propia hasta cierto punto. Después hay que colocarlos en el centro de la narración o al menos cerca de ahí”. De su pasado como escritor en primera persona limitante a su presente con el uso de la tercera, el crecimiento es real. “Escribir novelas en tercera persona, con un número de personas creciente y con la capacidad de nombrar a cada uno de ellos supone un aumento exponencial de las posibilidades narrativas. Permite crear personajes muy diversos con un punto de vista y opiniones de todos los colores. Eso me abre la puerta a describir relaciones complejas entre personas, y lo mejor de todo es sentir de nuevo que yo mismo me puedo transformar en quien quiera”

📌Sobre los lectores. Lo más valioso es la idea de comunión que se da con ellos. “Lo verdaderamente importante, lo que no puede cambiar o intercambiar en modo alguno, es el hecho de que esas personas y yo estamos conectados. Desconozco hasta dónde se extiende esa conexión…”. Ese grado de compromiso se traduce, aún más, por la relación de confianza entre ambos, algo así como: “Si es un libro de Murakami no quiero dejar de leerlo…Cuando alguien compra un libro…no esconde en ese hecho propósito alguno. Lo único que hay es (creo) una voluntad sincera de leerlo, una expectativa. Es un gesto que agradezco de corazón a todos mis lectores”. 

📌Sobre los premios. Su opinión es contundente: “…para un escritor lo más importante es su capacidad individual. Los premios deberían servir para apoyar y estimular esa capacidad, no para compensar un esfuerzo…hay cosas mucho más importantes para un escritor que los premios literarios. Una de esas cosas es tener claro en tu interior que con tus manos produces algo con sentido. Otra, saber que hay unos lectores que aprecian en su justa medida lo que haces, ya sean muchos o no…La permanencia de la obra en el tiempo se da por su calidad y no por un premio…Los premios literarios pueden dirigir momentáneamente el foco de la atención pública hacia algunas obras concretas, pero no insuflarles vida” Y, como si hiciese falta aclararlo, para Murakami los libros están más vivos que nunca cuando bajo un mismo techo muchas personas lo leen, independientemente de cómo se haya expedido la industria.

📌Sobre las nuevas fronteras. “Asumir los desafíos que suponen las nuevas fronteras es muy importante para quien se dedica a cualquier cosa relacionada con la creación. Si uno se acomoda en determinada posición o lugar, es fácil que su impulso creativo flaquee. Incluso podría llegar a perderlo…A partir de ahora descenderé para buscar en las profundidades de mí mismo, en la lejanía. Ese es un territorio nuevo, desconocido, tal vez mi última frontera. No sé si seré capaz de traspasarla, pero es maravillosos colocar banderas sobre un mapa en lugares donde aún no hemos estados” Para lograr estos objetivos, el escritor japonés considera valiosísimo el aporte de los traductores y la buena química que existe entre ellos y con sus obras. Para él son compañeros y aliados en esto que llaman escritura.

Si bien en Raymond Carver el amor es el eje central, no dista mucho de Haruki Murakami para quien escribir es uno de sus grandes amores. El autor habita en y por la escritura. O al menos nos transmite esa sensación. “Sólo las personas que a pesar de todo quieren escribir o no pueden dejar de hacerlo terminan por dedicarse a ello sin una fecha límite”

Hay un proverbio oriental, que me gusta mucho, que dice algo más o menos así: “Que tus palabras sean dignas del silencio que vas a romper” Y, Murakami, ha sabido hacerlo de maravillas con su última (y necesaria) obra.

Lean libros.

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About Author

Soy sólo una chica (indómita) que lee y escribe. Formalmente: Licenciada en Comunicación Social y Periodista.