LITERATURA PARA RECOMENDAR

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Vibra la emoción en dosis de Aspirinas y caramelos. 

Todo libro es una historia. Todo libro tiene una historia. Para quien lo escribe y para quien lo lee. En lo que a mí respecta sólo puedo hacerme cargo de la mía como lectora. Los pongo en situación: hace un par de meses una muy amiga me dijo que pase por su casa para llevarme algunos libros (los amigos tienen eso, te conocen. Demasiado). Hubieran visto mi entusiasmo porque considero que quien te presta un libro, te da algo mucho más valioso. Sólo puse una condición: que ella fuera la curadora de la lista. Así que eligió varios títulos. Entre ellos volví con Aspirinas y caramelos, Postales de una infancia*, de Luciano Olivera. Mi amiga me dijo: “Te va a encantar”, y, un par de meses después, no puedo más que reconfirmarlo. Por eso, busco mi cuaderno con anotaciones (es lo que hago cuando me prestan libros, los propios los marco) y desando (o al menos intento) este camino particular. Pero, al fin y al cabo, será el mismo Olivera quién nos haga parte de su historia, y quien me ahorre la tarea.

Edición original por Aurelia Rivera libros

Tomo como punto de partida, si se me permite, la frase que escribe Eduardo Sacheri en el prólogo del libro: “Se nota en Luciano una asombrosa capacidad de recordar”. Agrego: algunos dicen que “recordar es volver a pasar por el corazón”, y, en este caso, el tono confesional parece hacerse eco. Luciano pasa por el corazón, y pasa muchas veces. Y, a veces, parece pesar mucho. Pero, no se alarmen porque hay espacio para la redención. “Siempre hay sol en mi recuerdo”, una frase que parece vaticinarlo.

Los detalles (no por esto nimiedades) se conjugan para regalarnos el entramado de su intimidad. Pienso que pocas cosas resultan más generosas que un corazón expuesto. “Hay algo en todo esto que no puedo soslayar. Porque escribo a corazón abierto, con el enorme riesgo de sobrepasarme, pero bueno, así me sale”, dice. La emoción transita cada una de sus páginas y de sus anécdotas. Algunas más lúdicas, otras más divertidas, un grupo más románticas, otras un poco más tristes, algunas más pasionales, y otras tantas un mix de todo lo anterior. Independiente, San Telmo, su familia, su padre, Ugarteche, Laura, la guitarra, la música, el amor, el desamor, sus amigos, la Guerra de Malvinas, su hija, su madre, su tío Jorge y su tía Cocó, los libros, el periodismo, la política, la escritura, la religión, sus abuelos…“Siempre me atrajo la historia de las palabras”, relata. Y parece confirmarlo al poner su historia en palabras. ¿A modo de catarsis?

El título resulta elocuente y revelador. La vida (o eso que llaman la vida) parece ser el resultado de ambas cosas: caramelos (o lo más dulce) y aspirinas (o lo más amargo, pero que, de cierta manera, tiendea formarnos): “Siempre sentí que en esos meses se forjó algo de lo que soy hoy. Sobre toda la curiosidad, las ganas de aprender”. La búsqueda (im)perfecta de un equilibro es permanente. Como no resulta una receta mágica, a la que todos podamos acceder, la única herramienta que tenemos es vivirla. Suena poético, lo sé. Pero lo hacemos como podamos, como nos sale. Con sus (sin)sabores“Crucé mi propia Cordillera de los Andes”, dice Luciano, en un pasaje, y si bien se trata de un recuerdo que remite a su infancia, parece convertirse en una gran metáfora de su vida. La identificación es total en esta ruleta rusa de las emociones.

Postales. Hablar de postales es hablar de momentos que quedan registrados (en un papel, en una foto, en un escrito, en la memoria y, por sobre todo, en el corazón). ¿Será que somos el resultado de nuestros recuerdos? Muchas postales inundan las páginas y las anécdotas de Aspirinas y Caramelos, pero hay una que parece oficiar de gran postal (de su vida): la figura de su papá. Una especie de onmipresencia. Remitirse a su infancia es volver a él. “Los vapores de la vida nos sobreviven, no tengo dudas. A veces de modos más líricos, a veces de maneras materiales, pero no nos vamos enseguida”. Las micro historias – no por pequeñas- van tejiendo la gran historia de su vida. A su vez cada una nos permite ir más allá y conocer algunos rasgos de su personalidad, esos aspectos que parecen invisibles a primera vista (o no): su timidez, su sencillez, su calma, su paciencia, sus pasiones, su temor, su (auto)exigencia. “Siempre fui insoportable con mis posibles errores. No me los admito. Sigo sin poder hacerlo”, una característica que parece pintarlo de cuerpo entero.

El libro permite una lectura en un modo cronológico. Pero, también, admite un método algo más azaroso y por postales.

💌 Una postal de amor hacia su padre. Un caramelo de la vida.

“Ese hombre que se fue envuelto en debilidades, antes de apagarse, fue mi ídolo. Ese porteño tanguero que no me legó un mango, me dejó un puñado de cosas invalorables: el gusto por la historia, la pasión por la lectura, el placer por una buena partida de ajedrez, el ateísmo, una imagen de decencia inquebrantable que fue clave para que yo no me desviara cuando me tentaron…”

Epílogo. El punto inicial de Aspirinas y Caramelos es una carta que le escribió Luciano Olivera a su papá cuando Independiente descendió a la segunda división, en el 2013. Aquí pueden leer el texto original. http://hombredecampo.tumblr.com/post/52010088229/aspirinas-y-caramelos-por-luciano-olivera

🎶🎼🎵¡Bonus Track! Porque el mundo, muchas veces, puede ser maravilloso. Ayer, mientras terminaba de editar este texto, Luciano Olivera compartió la playlist de Aspirinas y Caramelos.

Lean libros.

*Recientemente reeditado por Tusquets.

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Soy sólo una chica (indómita) que lee y escribe. Formalmente: Licenciada en Comunicación Social y Periodista.

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