LITERATURA PARA RECOMENDAR

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Durante tres años estuve dando vueltas con César Aira. Sus libros estaban en todas las librerías, se multiplicaban los talleres literarios que trataban su obra, en la Feria del Libro era un “must”. Estaba de moda, yo no sabía quién era y honestamente me preguntaba cómo sería su obra. En mi cumpleaños del año pasado recibí de regalo La Liebre con una tarjeta que decía: “Para que te saques la curiosidad de una buena vez”

César Aira – La Liebre | Foto original tomada en el Parque Provincial Ischigualasto – San Juan – Argentina.

La promesa de la contratapa era que Aira podía hablar de un tiempo pasado sin utilizar el típico léxico que se usa para recrear escenas. Confieso que esto fue el primer gancho para mí: a veces ciertas novelas históricas argentinas me resultan pesadas. No sé si es una característica típica de la escritura del autor, porque, como bien dije, este es el primer libro que leo. A lo largo de la historia me encontré con varios ejemplos de su forma de utilizar el lenguaje, logrando que sintiera a los personajes mucho más cercanos.

Varias expresiones y escenas cotidianas de hoy se ven en una historia que no fija año, pero tiene como elenco Juan Manuel de Rosas y al cacique Calfucurá en medio de La Pampa. Un naturalista inglés, un baqueano y un adolescente se meten en el desierto con el fin de encontrar a la Liebre Legibreriana. Documentar la existencia de este animal es la obsesión de Clarke, el protagonista, y recluta a los otros dos personajes para que lo ayuden en su misión. El camino los lleva a conocer diferentes tribus mapuches, enfrentadas entre sí y a perseguir diferentes mitos y leyendas.

La historia camina todo el tiempo por la cornisa: ¿qué es verdad y que es mentira? ¿Acaso todo lo que se relata está sucediendo realmente? Esta tensión va creciendo hasta el final en el que todo lo imposible se hace posible y cada personaje se encuentra con su verdad.

Los diálogos de los personajes hacen que el libro tenga ritmo al mismo tiempo que hace preguntas profundas sobre quienes somos “nosotros” y quienes son los “otros” (sí es que realmente existe esa distinción). La mirada etnocéntrica e ingenua de Clarke, se contrapone con la practicidad de Gauna, quien tiene experiencia en el campo sin dejar de ser un soñador. Por su parte, el joven Álzaga Prior es quien más debate con el protagonista y le trae problemas. El joven pintor lo hace preguntarse por su identidad, por sus deseos y por su forma de reaccionar frente a las cosas que suceden.

Diferentes escenas sacan al lector varias sonrisas y lo llevan lentamente a un camino inesperado. Este desenlace une el círculo de meditación que tienen los personajes.

Mi escena favorita es la batalla final, en la que Clarke se encuentra en un rol diferente, podría decirse enajenado y poseído por la guerra. Ese espíritu de soldado que va convencido al frente y que siempre está rozando la locura total. Pienso en tantas películas de guerra que nos muestran ese héroe loco que no siempre concreta, pero que de alguna manera u otra se encuentra en el medio del caos total. Me tienta nombrar Apocalipsis Now, solo por decir alguna.

Una vez más encuentro paralelismo entre mis búsquedas y el libro que comento. Clarke solo se logra acercar a la liebre, cuando deja de lado su observación científica. Cuando pone el cuerpo, cuando charla e intercambia opiniones, ideas y sentimientos. En mi caso, la observación me llevó bastante tiempo. Por suerte, descubrí que tengo ganas de perseguir a Aira por un rato.

Mi edición de La Liebre, de César Aira, es de la Editorial Emecé. En tiempos de cuarentena, los alentamos a pedirlo en su librería de barrio amiga. Todos los locales se están manejando con delivery. ¡Apoyémoslos en este tiempo difícil!

Epílogo: ¿Dónde leer a Margarita Segundo?

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Fuentes fotográficas: Foto de Aira encabezadoIlustración CalfucuráFoto La Pampa

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